La BURBUJA del JAMÓN

La burbuja no fue solo inmobiliaria. La porcina también ha estallado, dejando a su paso industrias en concurso de acreedores, secaderos sin actividad y un mercado desinflado tras años de bonanza.

 

El cerdo ibérico ha sido el más perjudicado en esta batalla de fortunas efímeras e inversores al por mayor. Tanto es así que de los más de 4 millones de cerdos ibéricos sacrificados en 2008, en 2013 no se llegó siquiera a los 2 millones. ¿La razón? Bien sencilla.

Al amparo de una situación económica boyante, numerosos constructores y otros amigos del ladrillo decidieron invertir parte de sus flamantes chequeras en jamón ibérico. Sin experiencia, sin más apoyo que el del dinero contante y sonante, decidieron introducirse a lo grande en un mundo gourmet del que ellos serían unos abanderados de lo más cool. Error.

Empezó a producirse jamón ibérico a diestro y siniestro. A menudo en grandes cantidades, abaratando precios, confundiendo al consumidor. Y llegaron los “cerdos flacos”. Y aquellos miles de jamones ibéricos inflados por la burbuja, tuvieron destinos dispares. Muchos fueron embargados por bancos para cubrir las letras no pagadas, otros, tuvieron que salir a la calle a precios irrisorios, sirviendo como señuelo en campañas para abrir planes de pensiones en Bancos y Cajas o para ayudar a vender un viaje a un balneario por parte de Agencias.

Así, el futuro de este producto tan especial busca reubicarse en este maremágnum de precios y mercados en el que habrá algo que se acabe imponiendo siempre. Una calidad que no sepa de iguales.

Y esa calidad hay que saber mostrarla para que pueda ser disfrutada. Y valorada.

Escuela Internacional de Cortadores de Jamón

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